Yacía muerto en su cama la semana siguiente a aquel fatídico día. Le encontraron una caja de pastillas vacía, comprada hace tan solo unas horas, en una mano y en la otra mano una carta. Un folio lleno de su vida, sus pasiones, sus amores y
desamores, llena de nombres y fechas, llena de la clave de su suicidio. Fue una noche fría, seca y sin luna. El ambiente estaba triste incluso a varios kilómetros de su casa, era como si el mundo sintiera su pérdida.
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